No todo fue un sueño de Caroline March

Una magia misteriosa y ancestral había transportado a Ginebra a la Escocia del siglo XVIII, al encuentro del que sería el hombre de su vida: Connor, y al renunciar a su propia vida para salvarle, había tomado la decisión más difícil. Ahora había vuelto al presente, para enfrentarse a un futuro incierto y al olvido. «Búscame en el cielo, allí estaré siempre esperándote» le susurran sus recuerdos. Pronto deberá elegir de nuevo… La rueda del destino no se detiene, y Ginebra regresa al pasado, a una Escocia turbulenta, envuelta en una guerra contra Inglaterra de la que ella es la única que conoce el final.

Espérame en Nueva York de Caroline March

¿Qué serías capaz de hacer si descubrieras que tu vida es una mentira y que todo lo que has logrado no tiene ningún valor? Tal vez sería el momento de escapar y empezar de nuevo. Esa es, precisamente, la decisión que toma la protagonista de esta novela, y lo hace refugiándose en la única ciudad del mundo en la que nadie la podrá encontrar: Nueva York. Allí, rodeada por la extraña y fascinante comunidad de vecinos que la acoge en Harlem, conseguirá al fin alcanzar la felicidad.

Mi alma gemela de Caroline March

¿Será capaz Alicia de enfrentarse a todo por conservar al hombre al que ama de forma tan desesperada? Alicia tiene una vida cómoda. Demasiado cómoda, pero tampoco tiene tiempo de pensar en ello… hasta que un día aciago, en un repentino e inesperado accidente fallece su mejor amiga, dejándole como recuerdo un misterioso regalo: una promesa que debió cumplir cuando ambas tenían dieciocho años. Deberá partir rumbo a Irlanda para encontrar lo que había perdido. Pero ¿realmente había perdido algo Alicia?

El retrato de Alana de Caroline March

Una serie de desapariciones se suceden en la ciudad de Edimburgo. Alana se ve envuelta en la investigación cuando su mejor amiga, Sarah, se convierte en una de ellas. Alertada al descubrir que será la próxima víctima, queda aterrorizada cuando comprueba que ha sido cómplice de la desaparición, y más cuando los datos indican que el origen de los crímenes se sitúa en los albores del siglo XVIII, en una bruja de su mismo nombre que fue condenada a morir en la hoguera.