Rosalinda la flor más fea de Valeriam Émar

SU METE le pedía que se levantara del pupitre y les gritara a los bravucones de sus compañeros del instituto que soltaran su mochila, pero su cuerpo tenía su propia ley y sus pies se habían anclado en el suelo. Y ella ahora tendría que ingeniársela para bajar su bolso de la paleta del ventilador. Su madre supo decirle que ese era el precio que debía pagar por ser una niña aplicada e inteligente. Que le esperaba un futuro brillante y que esos niños que se reían de ella terminarían siendo unos alcohólico y holgazanes