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Vikingo de Margotte Channing

Sigrid y Sköll se encuentran todas las noches, en sueños. Ella es curandera y hechicera, y él un guerrero berserker. Cuando por fin llega la paz, él vuelve a casa, con la necesidad de encontrarla. Es su andsfrende, la única mujer para él, la que aplacará su bestia interior. Al volver al hogar, su hermano le presenta a su prometida, que no es otra que Sigrid. Sköll, furioso y dolido, concibe un plan, que cambiará la vida de los tres, y que la obligará a unirse a él. Pero ¿a qué precio?

Cautiva de Margotte Channing

Yvette despierta una fría mañana de invierno por un grito lejano. Más tarde, al abrir la puerta de su casa, observa, paralizada, la invasión de los vikingos en su pueblo. Han venido a llevarse a las mujeres. Ni siquiera le da tiempo a pensar en huir, todo sucede tan rápido que cuando quiere darse cuenta, está en un barco a punto de que la violen. La historia da un vuelco, que hace que, como una mercancía, dos hermanos se peleen por ella. De repente, acaba perteneciendo al jefe de los invasores.

Selaön de Margotte Channing

La princesa elfa Oonagh, se siente muy turbada cuando conoce al vikingo Hjalmar, como muestra de ello y para su vergüenza, sus puntiagudas orejas comienzan a ponerse rojas y a palpitar de emoción. Pero a pesar de que le parece escandalosamente atractivo, es un humano, y ella no puede olvidar sus obligaciones como heredera del trono de Gardaël. Hjalmar se encuentra en la isla de los cuatro reinos mágicos, Selaön, invitado a la boda de su amigo Arud, con la princesa hechicera Lena. Su asombro es cada vez mayor.

Posesión de Margotte Channing

A Tara O`Malley, considerada “mayor” para el matrimonio a sus diecinueve años, acaban de prometerla con Eoghan, un vecino de toda la vida. En una reunión en Almacks conoce a Cedric, un rudo escocés de casi dos metros, la atracción entre los dos es instantánea y feroz. Es posible el amor entre una hermosa, divertida y tímida chica irlandesa, y un rudo pero encantador escocés de casi dos metros, estando ella prometida y él casado? En la época victoriana, no había muchas oportunidades de que su pasión pudiera sobrevivir, a menos que la autorizara la Reina…