Lo imprevisible del azar de Lorraine París

La madrugada del quince de julio de 1606, se encontraban en una casa de Leiden, en Holanda, la hija de un panadero de la localidad holandesa y su marido; un molinero muy conocido en la ciudad. Las ventanas de la habitación estaban abiertas de par en par y una leve brisa matutina recorría cada uno de los rincones de la morada. Hacía ya varias horas que las contracciones de la señora Neeltje auguraron el nacimiento de su cuarto hijo. La mujer era una veterana parturienta, pero aún así sabía que no iba a tener un niño normal