Ceniza, somos ceniza de Clark Carrados

Ceniza, somos ceniza de Clark Carrados

De pronto, sacó las manos que, hasta entonces, había tenido escondidas bajo la mesa. La derecha ofrecía un aspecto normal. A la izquierda, en cambio, le faltaban varias falanges de los dedos. En el anular, se veía un hueso blanco, completamente al descubierto. Era la segunda falange y, a partir de la articulación, la carne tenía un horrible color gris. Con los pelos de punta, Quax pudo ver el leve polvillo que se desprendía de la mano de Kenner, como si fuese de auténtica ceniza, agitada por una ligera brisa. Quax sintió que se mareaba.

Muñecos diabólicos de Joe Mogar

El rostro que tenía delante era una visión de pesadilla. Trató de gritar pero no pudo. Inmóvil, muda de horror, completamente aterrorizada, incapaz de moverse, sujeta al lecho por una fuerza muy superior a la suya, vio cómo el muñeco saltaba sobre el lecho, cómo se acercaba a uno de sus pechos desnudos y luego cómo saltaba sobre ella. Notó muy cerca de su garganta los suaves pies de trapo y entonces soltó un ligero y bronco gemido mientras que el muñeco daba un par de pasos más y levantaba uno de sus brazos.

Horror en el cuarto oscuro de Ada Coretti

La oscuridad era intensa, cerrada. El cielo se hallaba encapotado. Había empezado a llover. La silueta del caserón se perdía entre aquellas intensas sombras, sobre la leve colina. o había iluminación en sus ventanas. En ninguna de ellas. Todos sus ocupantes debían estar durmiendo, pues era ya más de medianoche. Por lo menos esto era lo más natural, sencillo y lógico de suponer. Sin embargo, alguien en la casa estaba despierto. Y acababa de salir de su dormitorio, con pasos medidos, sigilosos, para que no se oyeran

Sinfonía macabra de Burton Hare

Sinfonía macabra de Burton Hare

Y entonces, por primera vez en su vida, Andrew estuvo seguro de que se había vuelto loco. Y gritó y el tubo casi se le escapó de la boca y engulló agua salada y cayó de rodillas. Porque sólo a un loco podría ocurrírsele estar viendo el horrible cadáver del hermoso y rubio Johnny Carey en el lugar de Agni. Debido a sus bruscos movimientos, la arena y el limo del fondo habían levantado como una nube que fue posándose poco a poco. Temblaba, los dientes le castañeteaban, y sin embargo era incapaz de moverse. ecesitaba volver a verlo, asegurarse

Macabra sugestión de Peter Kapra

Se vio, en medio de la oscuridad, empujado por algo fétido y descompuesto, que pareció surgir ante él. Creyó haber visto apagarse una luz. Pero el horror de la presencia ultrahumana, de la muerte en vida extracorporal, le paralizó los sentidos. El hálito mortal que brotó del ataúd debió materializar una incomprensible energía fatídica… ¡Y pese a la oscuridad reinante

El descuartizador de Clark Carrados

La señora Edwards había visto en sus bien conservados cuarenta años muchos fenómenos meteorológicos, entre los cuales, por supuesto, figuraba la lluvia, pero nunca había visto llover lo que aquel mediodía llovió en su jardín, cayendo de un cielo sin apenas nubes. De pronto, algo cayó de las alturas y se estrelló con sordo «chap», contra la hierba del jardín. El caniche ladró de nuevo. Luego se acercó a la cosa caída del cielo, la husmeó y volvió a ladrar

El personaje de Vic Logan

¡Bedankos! El monstruo de su imaginación. Un ser repelente, creado mientras escribía unas páginas fantásticas de terror prefabricado, estaba allí, ante él, asomando por la puerta del estudio. Quiso gritar… quiso pedir ayuda a Sussie, pero no pudo. Vio las manos del monstruo que se acercaban a su garganta… Que se acercaban más y más. Intentó gritar otra vez, pero sus cuerdas vocales se negaron a obedecerle

La leyenda negra de Burton Hare

El resplandor de la luna giró con el transcurrir del tiempo. Incidió al fin sobre aquel rincón, en los aledaños de las mohosas rejas de las mazmorras. Una de las grandes rocas se estremeció y poco a poco se desplazó hacia fuera y finalmente cayó con sordo impacto. La oscura cobertura mostró una oquedad profunda, sombría como la muerte. De ella salió primero un hedor nauseabundo, la pestilencia de la putrefacción.
Después, dos puntos rojos parecieron brillar en la negrura. Dos pupilas diabólicas, fijas, que no parpadeaban. Hubo un apagado gruñido y luego otro más débil pareció responderle al primero

Herencia de terror de Burton Hare

Vince se llenó de aire los pulmones y sólo entonces captó el extraño hedor que reinaba en la estancia. El hedor a moho, a tierra húmeda… Se volvió poco a poco. o tenía más remedio que enfrentarse con aquella pesadilla. La cama estaba revuelta de un modo espantoso; tan revuelta como lo que quedaba del cuerpo de Elinor. Un cuerpo desgarrado, con profundas quemaduras que laceraban la carne de un modo espeluznante. El rostro de Elinor había desaparecido